Plus· para empezar
Vendes de vez en cuando, tú solo.
9,99 €/ mes
Primer mes 1 €20 prendas al mes
- Las cinco fotos, hechas de estudio
- El anuncio escrito y el precio estimado
- Móviles sin límite · se sigue desde otro ordenador
Cinco fotos con el móvil entran. Salen cinco de estudio, con el anuncio escrito y el precio contado. Esta página es la máquina por dentro: cada pieza, su medida y por qué existe. Es larga a propósito y va de menos a más. Si solo lees una sección, lee la 10: ahí es donde abrimos en canal la infraestructura de Google y Cloudflare y medimos sus techos.
La misma camiseta · arrastra para comparar
Parece una aplicación de inteligencia artificial. Por dentro, es otra cosa.
Desde hace veinte años hay dos formas de vender software. Para esto, ninguna servía.
La primera es el programa de toda la vida: lo instalas y todo pasa en tu ordenador. Tus datos no salen de casa. Pero la inteligencia artificial que monta una foto de estudio no cabe en un portátil.
La segunda es el SaaS: subes tus fotos al servidor de otra empresa, ese servidor trabaja y te devuelve el resultado. La inteligencia artificial es de verdad. Pero tus fotos, tus prendas y tu ritmo de trabajo viven en el ordenador de otro, y cada llamada a su máquina va dentro del precio.
STC Prime es la tercera. La llamamos STC: Software que Trabaja en tu Casa. Un SaaS al revés.
Tus fotos no llegan. Tus fichas no llegan. Tus precios no llegan.
| Programa clásico | SaaS | STC Prime | |
|---|---|---|---|
| Dónde se instala | En tu ordenador | En el servidor de otro | En tu ordenador |
| Dónde están tus fotos | En tu disco | En su nube | En tu disco |
| Quién hace el trabajo pesado | Nadie (no cabe) | Su servidor de cuotas y recursos | Tú alquilas GPUs por uso desde tu PC |
| Qué recibe el fabricante | Nada | Todo lo que subes | Un contador de prendas |
| Qué pasa si cierran | Sigues trabajando | Pierdes el acceso y los datos | Tus fotos y tus fichas siguen en tu disco |
| Quién paga el cálculo de las fotos | — | Ellos, dentro del precio | Tú, directo al proveedor (desde 0,01 $ prenda) |
No es una frase de marketing: es una arquitectura. El motor de imágenes es una pieza; la casa es todo lo demás. El resto de esta página son sus consecuencias, de la más pequeña a la más grande.
Empecemos por lo más pequeño: una prenda.
Una camiseta verde de algodón, de las que se venden todos los días en Vinted. Cinco fotos hechas en el suelo de casa. Este es su recorrido entero, de la mesa al anuncio.
Unos minutos por prenda, y ni siquiera son tuyos: mientras el ordenador trabaja en esta, tú ya vas por la siguiente.
El resultado no termina en una pantalla. Termina en una carpeta tuya.
Fotos normales, en el suelo de casa. Sin trípode y sin luz especial.





Eso es el viaje visto desde fuera. Ahora, parada por parada, con números.
El ordenador enseña un código QR. Lo lees con la cámara del móvil, una vez, y ya estás dentro. No hay app que instalar. No hay cuenta que crear. No hay Bluetooth que emparejar. El móvil abre una página en su navegador, servida por tu propio ordenador.
Por tu wifi. El móvil y el ordenador están en la misma red, la de casa o la de la nave, y se hablan directamente. En ese trayecto las fotos no salen a internet.
Una foto de 12 megapíxeles, sin reducir, pesa unos 3 a 4 MB (medimos cinco: de 2,9 a 3,9 MB). Cinco fotos serían unos 16 MB por prenda cruzando tu wifi. STC Prime las reduce en el propio móvil, antes de enviarlas, a un lado máximo de 2.048 píxeles con calidad 88 sobre 100. Es el detalle que hace falta para leer una etiqueta y una cinta métrica, sin el peso que no aporta nada. Medido con fotos de verdad, ya reducidas así: una foto pesa entre 0,5 y 0,9 MB según el móvil.
foto_original (4.032 × 3.024 px, 3 MB) → encoger hasta que el lado largo mida 2.048 px → guardar como JPEG con calidad 88 % foto_enviada (2.048 × 1.536 px, entre 0,5 y 0,9 MB según el móvil)
Traducido: la foto se hace más pequeña de lado, no de calidad útil. Una etiqueta sigue leyéndose a 2.048 píxeles. Lo que se tira es lo que ningún ojo iba a usar. Una foto que ya venía pequeña del móvil ni siquiera se encoge: solo se vuelve a guardar.
Una prenda, con sus cinco fotos a esa medida, pesa entre 2,7 y 4,2 MB según el móvil. Cincuenta móviles enviando una prenda cada uno en el mismo momento son entre 130 y 210 MB. La red del local los mueve, y lo que no cabe a la vez espera su turno. La cola también.
El programa no da por hecho que tu wifi va sobrado. Mide lo que tarda cada envío y cuántos se cortan. Si van varios móviles a la vez y la red del local no da para todos, baja él solo el ritmo: deja enviar a menos móviles a la vez, así cada uno acaba antes y se cortan menos. El móvil conserva las fotos y reintenta solo. Tardan algo más, pero no se tiran. Cuando la red vuelve a ir bien, el ritmo sube poco a poco. Y te lo dice en el panel, con lo que puedes hacer: acercar el router a los móviles, conectar el ordenador por cable o, si hace falta, un router más potente.
Mientras trabajas, cada móvil le pregunta al ordenador cómo van sus prendas, cada pocos segundos. Es una pregunta pequeña que se repite todo el día, así que tiene que salir barata aunque el historial tenga meses. Lo es: con 600 prendas guardadas, en nuestra prueba la respuesta pesa unos 2 KB y se prepara en 4 milisegundos.
La primera versión que hicimos repasaba todo el historial en cada pregunta. Con 600 prendas guardadas, la respuesta pesaba 1,3 MB y tardaba 122 milisegundos. Ahora pesa 2 KB y tarda 4: un 99,8 % menos de peso y unas 30 veces más rápido. Con 1.800 prendas guardadas, de 3,9 MB y 394 ms a 6 KB y 11 ms.
el móvil pregunta: ¿cómo va todo?
→ lotes de hace más de un día, ya terminados: se cuentan una vez y se recuerdan
mientras su carpeta no cambie
→ lotes de hoy: se miran de verdad
→ la respuesta viaja comprimida, y de los lotes viejos solo llega el recuento
respuesta: 2 KB (600 prendas guardadas) · 6 KB (1.800 prendas guardadas)
Traducido: el ordenador no vuelve a repasar lo que terminó ayer. Mira lo de hoy y recuerda el resto. Por eso el móvil sigue ágil después de meses de uso, y el wifi queda libre para lo que importa: las fotos.
Cuando dos personas envían una prenda en el mismo instante, el ordenador da a cada una su número y su carpeta, sin que se solapen. Lo probamos forzándolo: cuarenta envíos lanzados a la vez contra el mismo ordenador.
llega un envío → cerrar el candado → mirar el último número de la cola: P06 → este es P07 → crear la carpeta P07 → abrir el candado → guardar las fotos, ya fuera del candado, sin prisa llega otro envío en el mismo milisegundo → espera ese milisegundo → P08
Traducido: solo el momento de elegir el número va en fila india, y dura lo que tarda en crearse una carpeta. Lo lento, guardar las fotos, va fuera. Por eso cuarenta envíos simultáneos producen cuarenta prendas, sin carpetas pisadas ni números repetidos.
Un móvil es fácil. Lo interesante empieza cuando son cincuenta.
Una nave no es una persona con un móvil. Son varias personas, cada una con el suyo, sin parar, y un ordenador en la oficina. El programa se diseñó para eso desde el primer día.
La cola no depende de que alguien se quede mirando la pantalla. Una prenda entra. La siguiente ya puede estar haciéndose.
Hasta aquí, transporte. Ahora entra la parte que un programa normal no hace: elegir.
Una foto de estudio no es «quitar el fondo y poner uno blanco». Es un decorado, una prenda que encaja en él y una luz que los une. La escena tiene que ir con la prenda. Aquí es donde un programa normal pone un fondo cualquiera y STC Prime elige.
58 fondos fotografiados para esto: 29 decorados, cada uno en dos versiones. Una con pantalón y calzado, para las prendas de arriba, y una limpia, sin nada, para las de abajo. Una camiseta no va sobre un decorado vacío; un pantalón nunca va sobre un decorado que ya lleva otro pantalón puesto.
De cada una guardamos su tono real, medido en el centro, que es justo donde va a caer la prenda: un número entre 0 (negro) y 1 (blanco). También si es clara, media u oscura, y los estilos a los que pertenece. El programa elige por el número, no por el nombre: el nombre es lo que se pidió al fotografiar la escena; el tono es lo que salió.
Cuando se lee la etiqueta, el ordenador comprueba que el tipo de prenda coincide con lo que supuso el móvil. Si el móvil dijo «de arriba» y la etiqueta dice «pantalón», corrige el tipo y rehace la prenda entera con el decorado que toca. Solo, y una sola vez.
Al elegir, también mira tus prendas recientes y evita repetir el mismo decorado, para que un lote de veinte prendas no parezca hecho sobre la misma alfombra. Y una prenda solo va sobre un decorado con modelo si se ha reconocido como prenda de arriba. Si hay dudas, gana el decorado limpio: el peor caso es un fondo más sobrio, nunca una falda encima de alguien que ya lleva pantalones.
Una prenda clara necesita una escena que la separe. Una prenda oscura necesita lo contrario. El fondo no se elige por el nombre de la escena: se elige por lo que ocurre cuando la prenda cae sobre ella. No es decoración. Es legibilidad.
Elegir el decorado es la mitad. La otra mitad es que no se note que son 29.
Hay 29 decorados. Un vendedor con 500 prendas al mes los repite. Y aun así sus fotos no parecen repetidas. Esta es la razón.
Cuando vemos una foto de producto, lo primero que procesamos es de dónde viene la luz, cómo cae la sombra y qué temperatura tiene. La textura del fondo llega después, y solo si la buscamos.
Dos fotos con el mismo decorado y distinta luz se leen como dos fotos distintas. Dos fotos con el mismo decorado y la misma luz se leen como una plantilla.
Una sesión decide de dónde viene la luz, desde qué altura cae y lo cálida o fría que es. Se decide por prenda, no por foto. Hay 72 sesiones de luz distintas y, con los 58 fondos, salen 4.176 combinaciones antes de contar la prenda.
72 sesiones de luz × 58 fondos = 4.176 combinaciones solo prendas de arriba: 72 × 29 = 2.088 2.088 ÷ 500 prendas al mes ≈ 4 meses de combinaciones
Traducido: aunque solo vendas camisetas, hay maneras distintas de fotografiarlas para más de cuatro meses de un vendedor de 500 prendas al mes. No es un turno que se agota y vuelve a empezar: es un reparto entre miles de opciones.
La misma camiseta sobre la misma alfombra. Lo único que cambia es la sesión de luz.
Todas las fotos de una prenda comparten la misma habitación y la misma luz. Por eso las cinco parecen hechas en los mismos diez minutos, en la misma sala, y no cinco fotos sueltas pegadas en un anuncio.
La sesión no sale de tirar un dado: sale de una huella de la propia carpeta de la prenda. No depende del azar. Depende de la prenda. La misma prenda, la misma luz, hoy y dentro de un mes.
La foto vende el clic. Lo que vende la prenda, y lo que evita una devolución, es el anuncio.
El anuncio no debe sonar más seguro que la fotografía. Ahí es donde muchas herramientas de inteligencia artificial hacen lo peor: adornar. Rellenan lo que no saben con algo que suena bien. Aquí la regla es una: lo que no se lee, no se escribe.
De la foto 3. Si la etiqueta no se lee, la talla queda vacía. No se adivina por la forma.
De las fotos 4 y 5, las tuyas, no las de estudio. Antes de apuntar un número se comprueba lo esencial: que la cinta cruza recta de un extremo a otro y que el número final se lee con total nitidez. Si algo no se distingue con certeza, la medida queda en blanco y el panel te dice por qué («la cinta está en diagonal», «el número no se distingue»), para que sepas qué foto repetir. Una medida ausente se repite en veinte segundos. Una medida inventada acaba en una devolución.
El precio sugerido no sale de una opinión. Tampoco de rastrear la web de otro, de esas que hoy funcionan y mañana cambian un botón de sitio. Se calcula, para 114 países.
Dos fuentes de mercado independientes dicen cuánto cuesta esa prenda nueva en tu país y en qué gama está la marca. Si no coinciden, el programa no arriesga un número: deja el campo vacío y decides tú. Si coinciden, hace la cuenta: el valor de tienda por el ratio medido de segunda mano para esa gama, ajustado al estado que has elegido.
Salen tres referencias en tu moneda: un precio para vender rápido, uno de equilibrio y un techo defendible. No decide por ti. Te da una cuenta visible desde la que empezar.
Nuevo con etiquetas, muy bueno, bueno… El programa lo pone tal cual. El título y la descripción van en tu idioma y con voz de vendedor, no de catálogo. La marca se escribe como viene en la etiqueta.
{
"titulo": "carhartt camiseta M verde oscuro",
"medidas_cm": { "ancho": 50, "largo": 70 },
"medidas_faltan": false,
"precio_eur": 20,
"precio_para_vender_rapido_eur": 14,
"precio_techo_eur": 26,
"nuevo_estimado": 77,
"gama": "premium",
"fiabilidad": "dos_coinciden",
"precio_de_donde": "Estimado para España: nueva ~77 EUR (premium),
usada en estado 'muy bueno' ~18 EUR.
Dos cálculos independientes coinciden."
}
Traducido: las dos fuentes de mercado dijeron un precio de tienda parecido, así que el programa hizo la cuenta y publicó un número. Si hubieran discrepado, este campo diría por qué no hay precio, en vez de inventar uno. Y cuando la cinta no deja leer, la ficha tampoco disimula: la de otra prenda dice "ancho": null y, como motivo, «la cinta no corre recta a través de
la prenda». Se abre con cualquier editor de texto; no hay nada escondido dentro.
Leer bien es la mitad. La otra mitad es demostrar que se ha leído bien.
Cada foto que vuelve de la red pasa por un tribunal antes de tocar tu disco. Lo llamamos el Juez. No es un modelo de moda ni una inteligencia artificial generativa: es una fórmula matemática pura que vive dentro de tu programa y decide, en el momento, si la imagen que ha devuelto el servidor se guarda o se tira.
Aquí está el contraste que lo pone en perspectiva. Generar una foto de estudio cuesta entre 6 y 25 segundos de ida y vuelta por Internet. El Juez, sin embargo, examina esa foto en unas 3 centésimas de segundo: 31,7 milisegundos de mediana en las 59 revisiones que cronometramos sobre fotos reales. Es entre 190 y 780 veces más rápido que la propia red. Es como si un inspector de aduanas revisara cada paquete en una fracción del tiempo que tarda el camión en llegar al almacén.
Y porque la red nunca llegará tan rápido, hemos diseñado el Juez para el peor caso posible. Si llegaran 600 fotos en un minuto, tu ordenador las despacharía en menos de 20 segundos. Le sobrarían cuarenta segundos de cada minuto sin hacer nada. El cuello de botella siempre será la conexión, jamás el Juez.
El Juez aprovecha los núcleos que tengas, menos uno: siempre le deja uno libre al sistema para que el ordenador te siga respondiendo. Un PC de ocho núcleos juzga siete fotos a la vez; uno de cuatro, tres. No hay semáforos ni colas. No llama a ningún servidor. No consume crédito. No necesita Internet. Corre en tu máquina con dos únicas herramientas: matemáticas puras y tu propio hardware.
El Juez no mira la foto entera: mira el dibujo de tu prenda —el logo, la estampación, las costuras— y comprueba que en la imagen que vuelve sigue estando el mismo, en el mismo sitio y con la misma forma. Si no coincide, descarta la foto y el motor la repite solo. Compara la forma, no el color, así que no juzga el color ni el fondo: juzga que no te hayan cambiado la prenda.
También sabemos lo que no puede hacer. El Juez no ve lo que nunca estuvo en tu foto: no detectará una toalla que sobrevive debajo de la camiseta si nadie pidió retirarla, no enderezará una cinta métrica torcida ni avisará de una etiqueta borrosa. Cuando no puede saberlo, no rellena el hueco. La honestidad de sus límites es lo que hace que confíes en sus aciertos.
Todo eso, fotos, ficha y precio, acaba en un sitio. El tuyo.
Cuando el motor termina no hay una nube que descargar ni un correo que esperar. Abres una carpeta de tu ordenador y ahí está todo: tus fotos del móvil, las de estudio, el anuncio y el precio.
La abres con el Explorador. La copias a un disco externo. La borras. Nadie te pide permiso y nadie te la puede quitar.
Si te suena raro que nadie más tenga tus fotos, es porque llevas años pagando sitios que te las guardan.
lotes/
└── L01/ ← el lote de hoy
└── P01-prenda/ ← la primera prenda
├── entrada/ ← tus fotos, tal cual llegaron del móvil
│ ├── prenda.jpg detras.jpg cuello.jpg
│ ├── ancho.jpg largo.jpg
│ └── datos.json
├── L01-P01-01-principal.jpg ← las de estudio
├── L01-P01-02-detras.jpg
├── L01-P01-03-cuello.jpg
├── L01-P01-04-medidas-ancho.jpg
├── L01-P01-05-medidas-alto.jpg
├── L01-P01-06-defecto.jpg ← solo si hiciste la del defecto
└── ficha.json ← el anuncio de la sección 7
Traducido: nombres que se leen. Lote 1, prenda 1, foto 1, «principal». No hay una base de datos rara ni un formato nuestro: son JPG y texto.
Medido en prendas terminadas de verdad: entre 4 y 6,5 MB cada una, con sus fotos del móvil y las de estudio dentro. Un vendedor con 500 prendas al mes llena entre 2 y 3,3 GB al mes. Un año entero de una nave cabe en el disco de un portátil normal.
El panel lleva la lista de todas tus prendas y tiene un botón para exportarla en CSV: un archivo que abre cualquier hoja de cálculo. Si algún día dejas STC Prime, tus archivos no desaparecen. Nunca dependieron de nosotros para existir.
Tu correo, tu plan, cuántas prendas llevas este mes y lo justo para proteger tu cuenta (la lista entera está en la página legal). Ninguna foto. Ninguna ficha. Ningún precio. No es que no los miremos: es que no nos llegan.
Hasta aquí, lo que se ve. Ahora, lo que no se ve: lo que cuesta por dentro convertir cinco fotos de móvil en cinco de estudio. Es la parte que más trabajo nos dio, y la que más nos gusta contar.
La primera versión entera de STC Prime trabajaba con Google: su inteligencia artificial, con el motor alquilado por el propio vendedor, desde su ordenador. La app funcionaba de punta a punta, tal como la ves hoy. Y cada foto se pagaba en tokens.
Un trozo de palabra: en torno a cuatro letras. «Sudadera gris talla M» son unos seis tokens. Una foto, para un modelo, son miles: el modelo «lee» la imagen como una cuadrícula de trozos, y cada trozo cuesta. Menos tokens por foto es más fotos con la misma cuota. Durante semanas, fue la cifra que mandaba en todo.
La primera vez que lo medimos, el motor gastaba entre 45.000 y 50.000 tokens por cada foto de estudio. Funcionaba. Era caro. En mitad de una prueba, de madrugada, uno de nosotros lo dejó escrito así: «¿De dónde saca 9.000 tokens para dos imágenes? No tiene ni pies ni cabeza». Tenía razón.
La reacción normal habría sido cambiar de plan. La nuestra fue abrir el proceso y medirlo por dentro.
Reorganizamos cómo recibe el motor el encargo. Con fotos reales, una foto completa bajó a unos 16.700 tokens: algo más de un tercio de lo que gastaba. La misma foto, medida foto a foto. Y ahí empezó lo bueno.
Con la foto en 16.700, medimos paso a paso en qué se iba cada token. Y vimos algo que nadie mira. Una foto tenía tres momentos. Primero, el motor leía el encargo, decidía y montaba la imagen: 4.808 tokens. Después, con la foto ya guardada, hacía lo que hace cualquier asistente al terminar un trabajo: contarlo. 6.262 tokens para explicar lo que acababa de hacer. Y 6.304 más para cerrar la respuesta, con su despedida. El 72 % de la factura se iba en hablar de una foto que ya estaba hecha.
Una foto real · los tramos tachados ya no se pagan.
La solución fue fácil de decir y difícil de encontrar: en cuanto la foto está a salvo en el disco, el programa cuelga. Como un teléfono. La foto ya está; la explicación y la despedida no se escriben, y lo que no se escribe no se paga.
No pagamos por la explicación. No pagamos por la despedida.
leer el encargo, decidir y montar la imagen 4.808
explicar el resultado 6.262
cerrar la respuesta 6.304
──────
total 17.374 → se pagaba todo
foto en el disco → colgar ≈ 4.800 → lo demás no existe
Traducido: más de dos tercios del gasto llegaban después de que la imagen ya existiera. Cortarlos no tocaba ni un píxel del resultado.
Medido: 4.914 tokens de media en cinco fotos reales, y 4.573 sobre 25 fotos ya dentro del programa de verdad. De entre 45.000 y 50.000 a menos de 5.000: un 90 % menos por foto, una foto unas diez veces más ligera, sin tocar un píxel.
Cada barra es una medida real, de un día distinto.
Con la foto a una décima parte, hicimos la cuenta que haría cualquiera: ¿cuántas caben en la jaula?
Google no cobra por foto. Reparte su inteligencia artificial en ventanas de 5 horas que se renuevan solas, y enseña un contador con lo que te queda.
Lo miramos antes y después de cinco fotos: se habían llevado el 0,28 % de la ventana. Y eran fotos de las caras, las de 16.700 tokens. Con la foto ya por debajo de 5.000, rehicimos la cuenta.
Un almacén de 500 prendas al mes son 2.500 fotos. Sobre el papel, el mes entero cabía en una sola ventana de cinco horas del plan más barato.
Con esa optimización creíamos tener la máquina final. Conocíamos el motor por dentro, token a token. No conocíamos la jaula de por fuera.
Una noche la pusimos a trabajar con prendas de verdad, por el mismo camino que usaría un cliente. Faltaba el único experimento que importaba: qué queda de esa cuenta cuando la prueba la ropa de verdad.
2.570 sobre el papel.
13 de verdad.
La cuenta teórica decía miles de fotos por ventana. La cuenta real dio trece.
Salió la primera. Once minutos y medio después, la decimotercera. La decimocuarta volvió con un aviso de Google: cuota agotada. No había ningún fallo en el programa. Habíamos topado con el límite exacto de su infraestructura, la jaula, y lo que hacíamos era medirla.
El programa hizo lo que tenía que hacer: se puso en pausa y calculó cuándo volvería a abrirse la puerta. Google contestó con su propia cuenta atrás, dos veces, casi dos horas separadas:
| 1.er aviso | Your quota will reset after 4h47m35s |
| 2.º aviso | Your quota will reset after 2h54m40s |
Traducido: dos avisos, casi dos horas separados, y las dos cuentas atrás apuntan al mismo segundo: cinco horas justas después de la primera foto. No era una pausa: era la ventana entera. Trece fotos cada cinco horas. Y cada llamada a la puerta cerrada no salía gratis: una de ellas gastó 9.387 tokens para recibir un «no».
Medido con prendas de verdad: 13 imágenes en once minutos y medio, y la ventana cerrada cinco horas, tal como dijo Google.
Una jornada de ocho horas daba para 26 fotos: trece al empezar y trece más cuando se abría la puerta, cinco horas después. Un vendedor de 500 prendas al mes hace 2.500 fotos: unas 125 por día laborable.
Una jornada de 8 horas · 500 prendas al mes repartidas en 20 días
Lo que más nos costó entender es que nada lo avisaba. El contador seguía mostrando saldo. La cuota parecía disponible. La puerta estaba cerrada.
Por qué se cerraba exactamente ahí, del lado de Google, no lo necesitábamos saber. Ya habíamos medido lo único que importaba, y el dato era 13 fotos cada 5 horas.
No era un límite de tokens: ya estaban optimizados. No era la cola: la cola funcionaba. No era falta de saldo: el contador decía que quedaba cuota. Cada foto que salía siguió saliendo a menos de 5.000 tokens hasta el final. El problema nunca fue nuestro software.
La optimización había funcionado tan bien que el límite dejó de estar en el consumo. Estaba en el permiso. Y una arquitectura cuyo ritmo depende del permiso de otro no aguanta un día de trabajo: la puerta se cierra en la foto catorce, y quien tiene la mesa llena de prendas no puede quedarse mirando la pantalla. La sacamos del motor.
El techo no estaba en el programa. Estaba en el permiso de otro. Buscamos un motor sin ventanas ni jaulas. Durante una noche pareció que lo habíamos encontrado.
Cloudflare tiene sus propios modelos de imagen funcionando en sus servidores, repartidos por medio mundo. Es una de las empresas que sostienen internet: esta misma web te llega a través de Cloudflare.
Primera prueba, una foto sola: 7,3 segundos. Después, lo que con Google no podíamos ni plantear: cuarenta fotos lanzadas en el mismo segundo.
Después, a tamaño real y con diez fotos en el aire a la vez, cada una tardaba entre 6,3 y 10,7 segundos. Donde Google cerraba la puerta en la foto catorce, Cloudflare no pestañeaba.
Cloudflare publica su tarifa: 0,011 dólares por cada 1.000 «neurons», su unidad de cálculo, con un cupo gratuito cada día. Con la configuración más ligera que encontramos, un intento gastaba 68,2 neurons.
tarifa pública 0,011 $ cada 1.000 neurons un intento 68,2 neurons un millón de fotos 68,2 × 1.000.000 × 0,011 ÷ 1.000 = 750 $
Traducido: setecientos cincuenta dólares el millón de fotos. Menos de una décima de céntimo por foto. Suponiendo, eso sí, que cada intento fuese una foto.
Al día siguiente lo metimos dentro del programa, como motor de serie.
Rápido, en paralelo, sin ventanas y a menos de una décima de céntimo por intento. Parecía la respuesta definitiva.
52 intentos.
49 rechazados.
Esa noche lanzamos la batería de pruebas con camisetas reales, en todos los tamaños y recetas que teníamos. El filtro de contenido de Cloudflare rechazó 49 de 52. Dejó pasar tres. Y de esas tres, nuestro juez aprobó una.
Lo averiguamos a la mañana siguiente, con la misma camiseta y la misma receta. Con el logotipo a la vista: 0 de 2. Con el logotipo tapado: 2 de 2. Por la espalda, sin logotipo: 2 de 2. No era la palabra escrita: era el dibujo de la marca.
Y casi toda la ropa de segunda mano que se vende en Vinted lleva la marca a la vista. Es justo lo que el comprador quiere ver.
La pista estaba desde la primera noche: de aquellas cuarenta fotos a la vez, trece habían vuelto rechazadas por el filtro. Estábamos tan contentos de no ver un «cuota agotada» que no les dimos importancia. A tamaño real, de todo lo que lanzamos esa noche pasó el 13 %: 6 de 45.
Un intento rechazado se descontaba del cupo igual que uno bueno. Era cupo gratuito: no nos costó un euro. Pero la cuenta del millón ya no salía. Si de cincuenta y dos intentos sirve uno, cada foto buena cuesta cincuenta y dos intentos: a precio de tarifa, unos 74.400 dólares por millón de fotos que sirven, frente a los 750 del papel.
Esa misma noche, por fin, una foto pasó. La celebramos y dejamos escrito el plan para el día siguiente. A la mañana la abrimos con calma. Un salón precioso. Un sofá azul. Una alfombra. Y ni rastro de la camiseta.
Cloudflare no hizo nada mal: su filtro está para frenar imágenes con marcas, y lo hace bien. Para una infraestructura generalista, tiene toda la lógica. Para una herramienta de ropa de segunda mano, borraba justo la parte que el comprador necesita ver. La capacidad estaba ahí. El control no. Para lo nuestro, no nos servía. Al día siguiente salió del motor.
La primera puerta se cerró por una cuota. La segunda, por un criterio.
Google nos enseñó a no pagar por palabras que no hacen la foto. Cloudflare nos enseñó que una herramienta puede ser brillante y aun así no estar hecha para tu realidad.
Dos motores. Dos límites distintos. El primero tenía cálculo, pero una ventana que no seguía el ritmo de un día real. El segundo tenía capacidad, pero un filtro que confundía una marca de ropa con una categoría que había que bloquear.
Ninguno de los dos techos era de precio y ninguno estaba en el programa: eran de permiso. Alguien decidía cuántas fotos podías hacer, cuándo y cuáles. No perdimos dos motores por mala suerte: los abrimos, medimos el límite de cada uno y decidimos. Los dos eran útiles. Ninguno podía ser la casa.
La única arquitectura que aguanta es la que cobra lo que gasta, a precio de origen, al que pone la máquina. Ni suscripción de por medio, ni cuota de nadie, ni permiso.
Hoy cada foto se paga cuando se hace, directamente al proveedor de GPUs por uso. Sin suscripción de por medio, sin ventana de cinco horas y sin un filtro que rechace una camiseta por llevar la marca a la vista. La foto número uno cuesta lo mismo que la número un millón. La camiseta verde de Carhartt que has arrastrado al principio de esta página ya es de este motor.
Una prenda entera, con sus cinco fotos, el anuncio, las medidas de la cinta y el precio de mundo, sale desde 1 céntimo de dólar. Es el suelo: el gasto real varía según la prenda, sobre todo si una foto sale mal y el programa la rechaza y la repite sola.
| Camiseta Carhartt | 0,0123 $ |
Traducido: factura medida el 11-09. El suelo por prenda es 1 céntimo de dólar; mil prendas, desde 10 dólares de cálculo.
Donde Google cerraba la puerta en la foto catorce, el techo ya no es el permiso de nadie.
Quién pone este motor no lo decimos aquí: lo ves en el tutorial, cuando lo conectas, y el total de tu mes lo ves en tu panel. Pero elegirlo no es cosa tuya: lo hemos elegido y probado nosotros, con él están hechas todas las prendas de esta página, y conectarlo son unos minutos guiados, una sola vez. Es la pieza que más cambia, y esta página cuenta lo que no cambia.
Todo lo que has leído hasta la sección 9 vive alrededor del motor: la cola, los fondos, la luz, la lectura de la etiqueta, las medidas leídas dos veces, el precio y tu carpeta. El motor es la pieza que convierte una foto en otra. Si mañana aparece uno mejor, se cambia esa pieza, y tus fotos, tus pasos y tu forma de trabajar se quedan como están. Ya lo hemos hecho dos veces.
El motor puede sustituirse. La prenda no se toca.
El fondo puede cambiar. La prenda no se toca.
La luz puede cambiar. La prenda no se toca.
El logo, el color, las arrugas y el desgaste son los de tu foto. Al motor nunca se le pide que dibuje una prenda nueva: se le pide que coloque la que ya existe dentro de una escena controlada. Dibujarla otra vez es justo donde una inteligencia artificial empieza a inventar.
Los modelos de inteligencia artificial cambian cada pocos meses. Tu forma de trabajar no debería cambiar con ellos. Lo que hace que una foto venda —el fondo adecuado, la luz, una medida que no se inventa— no lo pone ningún modelo. Lo ponemos nosotros.
Funcionamos con un modelo BYOF («Bring Your Own Fuel»: trae tu propio combustible). El motor entero —el método, las escenas, los controles, la ficha— lo ponemos y lo afinamos nosotros. El combustible, los segundos de GPU que quema cada foto, lo pagas al proveedor a precio de máquina. Pagas dos cosas, y las dos las ves: tu plan de STC Prime, que es lo único que nos pagas a nosotros, y el combustible, con las repeticiones ya contadas y sin ningún margen nuestro encima.
Ninguno de los dos techos era nuestro. Es justo lo que diseñamos el programa para aguantar: el motor se cambia; la casa se queda.
Ahora, lo práctico.
Todos los planes traen el mismo programa, los mismos 58 fondos, el mismo motor de precios y los mismos móviles sin límite. Lo único que cambia es cuántas prendas al mes y el margen de extras. El primer mes de cualquiera de los tres, 1 €.
Plus· para empezar
Vendes de vez en cuando, tú solo.
9,99 €/ mes
Primer mes 1 €20 prendas al mes
Pro· para vender de verdad
Subes tandas cada semana y no quieres quedarte corto.
29,99 €/ mes
Primer mes 1 €100 prendas al mes
Max· para una nave
Varias personas haciendo fotos todos los días.
99,99 €/ mes
Primer mes 1 €500 prendas al mes
| 500 prendas incluidas | 99,99 € |
| 10 prendas a 0,10 € | 1,00 € |
| 20 prendas a 0,25 € | 5,00 € |
| 5.470 prendas a 0,50 € | 2.735,00 € |
| 6.000 prendas | 2.840,99 € |
| por prenda | 0,47 € |
Traducido: con sus fotos, el anuncio y el precio de mercado dentro de cada una. Lo que va aparte es el cálculo de las fotos, que pagas al proveedor de GPUs por uso, según cuántas fotos haya que repetir. El total exacto lo ves en tu panel.
El programa avisa antes del límite y de serie viene en «Bloquear». El grifo lo abres tú desde Ajustes, si quieres, y las prendas extra se ven en el panel antes de aceptarlas.
Si las aceptas, se cobra junto a tu factura del mes, o antes, por partes, si ese mes pasas de 100 €.
Sin permanencia. La baja se hace desde el panel. Si eres particular, 14 días para desistir: te devolvemos lo pagado menos lo que ya hayas usado.
Y así queda al lado de lo demás.
STC Prime no intenta ser una nube más. La diferencia no está en tener más botones: está en qué decisiones toma cada herramienta y dónde deja tus datos. Primero, por categorías: lo que cada una puede y no puede hacer con una prenda de segunda mano y un móvil. Después, un caso con nombre y con la cuenta hecha.
| Editor de fotos con IA, en la web | Fotos por encargo | Hacerlo a mano | STC Prime | |
|---|---|---|---|---|
| Dónde están tus fotos | En su servidor | En su servidor | En tu disco | En tu disco |
| Quién paga el cálculo | Ellos, dentro del precio por foto | Ellos, dentro del precio | Nadie | Tú, directo al proveedor (desde 0,01 $ prenda) |
| Sabe qué prenda es | No | Una persona | Tú | Sí: tono y tipo de prenda |
| Elige el fondo por la prenda | No: lo eliges tú | Una persona | Tú | Sí, entre 58, sin repetir los últimos |
| Luz distinta por prenda | No | Sí, a mano | Sí, a mano | Sí, 72 sesiones |
| Las cinco fotos, la misma sesión | No: foto a foto | Sí | Sí | Sí |
| Lee la etiqueta y la cinta | No | No | Tú | Sí, y deja en blanco lo que no se lee |
| Precio de mercado | No | No | Tú, buscando | Calculado para tu país, sin buscar en ninguna web |
| Anuncio escrito | A veces, genérico | No | Tú | Sí, con voz de vendedor |
| Varios móviles a la vez | No | No aplica | No aplica | Sin límite |
| Cómo se paga | Por foto | Por foto, a precio de fotógrafo | Con tu tiempo | Un plan desde 9,99 € al mes, y el cálculo aparte pagado al proveedor por uso: unos 0,002 $ por foto |
Las tres primeras columnas describen una categoría, no a una empresa concreta: dentro de cada una las hay mejores y peores. La cuarta es lo que has leído en esta página.
Vintefy es una herramienta con inteligencia artificial para vendedores de Vinted, en la web. Según su propia página, subes una foto del móvil y en unos 30 segundos tienes una imagen de estudio para el anuncio, con título, descripción y precio sugerido. Se paga por fotos: planes de 9 € al mes por 40 fotos a 54 € por 300.
| Vintefy | STC Prime | |
|---|---|---|
| Plan de entrada | 9 € al mes · 40 fotos | 9,99 € al mes · 100 fotos (20 prendas) |
| Plan medio | 29 € al mes · 150 fotos | 29,99 € al mes · 500 fotos (100 prendas) |
| Plan alto | 54 € al mes · 300 fotos | 99,99 € al mes · 2.500 fotos (500 prendas) |
| Una foto | de 0,18 a 0,23 € | de 0,04 a 0,10 € + ~0,002 $ de cálculo |
| Una prenda con cinco fotos | de 0,90 a 1,13 € | de 0,20 a 0,50 € + desde 1 céntimo de dólar |
Planes de Vintefy, los de su web en septiembre de 2026. Los nuestros, a precio de mes normal, sin la oferta del primer mes; el cálculo va aparte, pagado al proveedor, medido con prendas reales.
Ese 0,04 a 0,10 € no es lo que cuesta procesar la foto: es tu plan, lo que paga la cola, el Juez, los 58 fondos, la lectura de la etiqueta y el anuncio — el programa entero, no una foto suelta. El cálculo puro, foto entra y foto sale, es el otro número: 0,002 $. Vintefy no separa las dos cosas: en su 0,18 a 0,23 € van juntos, sin decir cuánto es cada uno.
| Vintefy · 9 € ÷ 40 · 29 € ÷ 150 · 54 € ÷ 300 | 0,23 € · 0,19 € · 0,18 € |
| STC Prime · 9,99 € ÷ 100 · 29,99 € ÷ 500 · 99,99 € ÷ 2.500 | 0,10 € · 0,06 € · 0,04 € |
| Cálculo del plan medio · 100 prendas × desde 0,01 $ | desde 1,00 $ |
Traducido: por casi lo mismo que su plan medio, 150 fotos, el nuestro hace 500. El cálculo de esas 500 fotos (100 prendas), desde 1 dólar.
No es que una haga fotos y la otra no. La diferencia está en la cuenta: allí cada foto va dentro del precio del plan; aquí pagas el programa, y cada foto cuesta lo que gasta.
Para hacer a mano lo que hace el programa con una prenda tendrías que medir el tono de la prenda; elegir entre 58 fondos el de más contraste, que además sea de su estilo y no repita los últimos; decidir una luz y mantenerla en las cinco fotos; leer la etiqueta; leer dos cintas métricas, y dejarlas en blanco si no se leen; calcular cuánto cuesta esa prenda nueva en ese país y aplicar la proporción de su gama y su estado para sacar tres precios; y escribir el anuncio con voz de vendedor.
Todo eso, por prenda. El programa lo hace mientras tú fotografías la siguiente.
Si has llegado hasta aquí, solo queda probarlo.
Al terminar, abres la carpeta. Ves lo que entró. Ves lo que salió. Ves lo que costó.
No. Instalas el programa, lees un código con el móvil y haces cinco fotos. La primera vez te guía y el resto lo hace solo.
No. El móvil abre una página en su navegador, servida por tu propio ordenador en tu wifi. Nada que instalar ni actualizar.
Ninguno que tengas que buscar: ya lo hemos elegido y probado nosotros. Es el modelo BYOF (trae tu propio combustible): el motor lo ponemos nosotros y tu alquiler es el depósito; solo pone el combustible que quema cada cálculo, unos 0,002 $ por foto, sin ningún margen nuestro encima. Lo conectas la primera vez, en el tutorial, en unos minutos y guiado paso a paso; la conexión se queda cifrada en tu ordenador y no la vuelves a tocar.
Unos minutos desde que envías las fotos. Y el ordenador trabaja con varias a la vez.
Las que incluya tu plan; el ritmo lo pones tú. Si el proveedor de GPUs pone algún día un límite, el programa espera y sigue después, sin perder la cola.
Con las tallas no se juega. Si la cinta métrica está torcida o el número final no se lee nítido, el sistema bloquea esa lectura y te avisa para que repitas la foto. No rellenamos huecos ni inventamos centímetros para quedar bien. Publicamos medidas verificadas milimétricamente, porque un centímetro inventado hoy es una devolución mañana.
No. Te deja las fotos y el anuncio preparados para copiar. Tu cuenta de Vinted es tuya y no entramos en ella.
Mientras encienda, sirve (Windows 10 o superior). El trabajo pesado de verdad no lo hace tu procesador, se lo comen las GPUs que alquilas. Tu portátil solo hace de director de orquesta: coordina las fotos, gestiona la cola y guarda los resultados en tu disco. La fuerza bruta se la dejamos a las granjas externas de GPUs. Tú tienes el control local; ellos ponen el músculo.
Nada. Siguen en tu disco, en carpetas normales, y el inventario lo exportas desde el panel.
Sí, desde tu panel de usuario y sin escribir a nadie. El primer mes cuesta 1 €, una sola vez por cliente, y, si eres particular, tienes además 14 días desde que te suscribes para desistir: te devolvemos lo pagado menos la parte proporcional a lo que ya hayas usado.
Porque el mercado cambia cada pocos meses y no atamos tu negocio a un solo proveedor. La interfaz, el Juez, la cola y tus fichas viven en tu disco; el motor es la pieza que se enchufa. Ya lo hemos cambiado dos veces, y tus fotos, tus pasos y tu forma de trabajar siguieron igual.
Para programadores
Porque las fotos son del vendedor, y porque cada imagen cuesta cálculo. En un SaaS ese cálculo va dentro del precio y las fotos se quedan en su servidor. En un STC el cálculo se paga alquilando potencia por uso (0,002$ la foto), y sus fotos, sus fichas y su inventario se quedan en su disco. Nosotros cobramos el programa; el cálculo no pasa por nuestra caja.
En tu ordenador: el servidor que recibe las fotos del móvil, la cola, la elección del fondo, la preparación de cada encargo, la recogida y los controles de cada foto, la comprobación de las medidas, el cálculo del precio y el inventario. En las GPUs que alquilas: la generación de las imágenes y la lectura de las fotos. En nuestro servidor: tu licencia, tu pago, el contador de prendas y el catálogo de fondos que descarga el programa.
Puedes pedirle a un modelo que ponga una camiseta sobre un fondo. Esa es la parte fácil. Lo difícil empieza después: 58 fondos fotografiados y medidos, la elección por tono, tipo y estilo sin repetir, 72 sesiones de luz compartidas por las cinco fotos de cada prenda, dos lecturas de cada medida que tienen que coincidir, un precio calculado para tu país en 114 países sin consultar ninguna web y una cola que aguanta cuarenta envíos a la vez. STC Prime no es una llamada a un modelo: es el sistema que rodea a esa llamada. Y cada pieza está medida en esta página.
Esta página no pide fe. Tampoco te va a vender que puedes repetirlo todo. Hay dos clases de números aquí, y conviene separarlas.
Lo que puedes comprobar tú, hoy, en cinco minutos: descarga el programa, haz tu primera prenda y abre la carpeta. Ves lo que entró. Ves lo que salió. Ves lo que costó de combustible. Eso es tuyo y no depende de que nos creas.
Lo que medimos nosotros: los tokens del primer motor, las trece fotos de Google, los 52 intentos de Cloudflare y los cuarenta envíos a la vez. Eso se midió aquí dentro, con motores que ya no viajan en el programa y con cuentas nuestras, en las fechas que dice cada sección. No es una invitación a repetirlo: es una declaración firmada, con su fecha y sus condiciones.
La confianza no tiene que vivir en una frase de esta web. Puede vivir en tu disco.
Descargar gratis y comprobar en tu discoTodas las cifras son medidas con prendas
reales. Las de Google y Cloudflare son de cuando esos motores estaban dentro del programa, con los
precios que publicaban entonces. Lo que es un cálculo se dice «sobre el papel».
Última revisión:
septiembre de 2026.